La mentira tiene piernas cortas…

 

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Hay muchas maneras de decir las cosas. Podemos exponer nuestro pensamiento a través de palabras dichas o escritas por otros. Palabras que, al coincidir con nuestra opinión, las hacemos nuestras por un breve momento. Es una manera de mostrarnos tal y como somos, pensamos o actuamos. Y eso debe estar bien, porque coincidimos en caminos que ya han sido transitados por otros. Pero quien sabe si el nuestro no ha hecho mas que empezar. Por esto, hay días en los que me apetece mostrarme sin coartada ninguna, es decir, escribir en base a mis propias experiencias y decisiones, aunque a menudo éstas hayan sido erróneas.

Hoy es uno de esos días…

A veces llego a la convicción, de que en esta cultura occidental, vivimos muy rápido, o muy lento. Nos relacionamos con todo lo que nos rodea de una manera apresurada y dejamos pasar los días de manera tan superficial, que cuando nos sucede alguna sacudida vital, drama, decepción o cualquier otro tipo de trauma, nos sorprendemos a nosotros mismos incrustados en el fango, haciéndonos preguntas que casi habíamos olvidado, del tipo: “¿que estoy haciendo con mi vida?, ¿como es que llegué aquí?. Si es la única que tengo y va tan rápido… ¿la estoy aprovechando correctamente o la estoy desperdiciando gratuitamente?”… Supongo que habrá respuestas para todos los gustos.

Por ejemplo, en las relaciones humanas, las que vemos y tratamos a diario, en la frutería, en el trabajo, en las escaleras de nuestra casa o en la calle, solemos gestionar la amistad mas por criterios de “interés” que por una “afinidad” real. Y vamos con las prisas que nos marca este interés o la lentitud que nos dicta la desconfianza, según se torne. Es así como hemos perdido la capacidad de gestionar uno de los mas preciados tesoros que tenemos a nuestro alcance, como es la “amistad verdadera”. Si, aquella que consideramos incondicional y duradera. Sin embargo en otras latitudes, este privilegio se mima y se cultiva como tal a diario, y un día vas a comprarte una tetera y no te la compras, pero pasas una mañana tomando un té con un desconocido y hablando de las cosas mas extravagantes o personales que te puedas imaginar.

Pero aquí, no. A menudo se confunde amistad con una súbita e  irreflexiva declaración de amor o sexo, o peor aún, con algún torticero interés oculto de tipo profesional o económico aunque todavía no se sepa exactamente cual (parece que toooodo girase alrededor de estos casi maniáticos y frenéticos intereses por el resto de personas). Y del mismo modo, si no se consiguen resultados positivos en este interés que ejerce de motor principal… “a otra cosa mariposa”. Por eso, estoy convencido que es todo un lujo encontrar a alguien que sepa valorar una amistad bien entendida… Por lo que a mi respecta, reconozco que tengo amigos entrañables que no me han aportado nada en absoluto, solo una simple, afectuosa y sincera amistad. Nada mas y nada menos. A algunos hace años que no nos vemos, pero cuando nos reencontramos es como si nuestro último día hubiese sido ayer…

Puede que este sea uno de los motivos que en parte pueda explicar el por qué últimamente no hago mas que leer desideratas que intentan luchar contra una de las plagas de nuestro siglo. Me refiero a la “frustración”  y la “depresión” que ésta genera. En ellas, frecuentemente, se da por hecho forzosamente necesario el  que la gente deba pasar por casi media vida cargada de múltiples experiencias de sufrimiento y torturadora decepción e insatisfacción, fruto de un exceso de carga en las expectativas sobre “lo que nos tiene que venir”, para llegar a alcanzar ese estado de conocimiento de si mismo lo suficientemente poderoso, como para alcanzar el propio control de su vida. Dentro de los límites que ésta le ha impuesto, claro. Entonces se dan cuenta que todo lo que obtuviste y obtendrás en el futuro será solo y exclusivamente a través de tu esfuerzo y determinación en conseguirlo. También los hay que llegan a la “rendición”, también llamada aceptación o resignación, abandonándose por completo a cualquier intento de lucha. Posiblemente sea así. En unos casos se salió victorioso, aunque también he conocido personas que ni por esas han madurado y se estrellan una y otra vez contra una realidad que no les gusta pero son incapaces de cambiar. Hay otras, las menos, que han tenido la habilidad de forjar su destino a pesar de las dificultades, desde pequeños…

De manera que la mayoría de los manifiestos suelen coincidir en semejantes planteamientos que podrían reducirse a interés, exceso de expectativas y decepción… para alcanzar un cierto “sentido común” en el azaroso ejercicio de vivir.  Pero ¿nada mas?. Porque yo creo que hay mas… Por si a alguien le sirviese de algo, he de haceros una confesión, yo odio la mentira. Para mi, la mentira es un camino torpe, lento y corto. Muy corto. Si, quizá no sea muy objetivo, pero es que tuve muy buenos maestros que, por supuesto, me ayudaron en numerosas ocasiones. Pero también conocí a otras personas que, de tanto mentir, llegaron a creerse sus propias mentiras, y así su mundo se fue alejando poco a poco de la realidad hasta el punto de perderse completamente y olvidar su camino de retorno. Aprendí tanto de los unos como de los otros. Solo tuve que observar un poco.

Si me hicieseis a mi la pregunta que  plantee unos párrafos mas arriba, os diría que jamás he tenido un día en el que me haya arrepentido de lo hecho en el pasado. Quizá mi merito haya sido simplemente decir siempre la verdad o no decir nada. Y afrontar en todo momento el resultado, por duro que pareciese. No lo sé. Y también tuve problemas, como todos, desde el día que cogí la mochila y decidí salir con lo puesto y “montañas de verdad”, de la casa de mis padres. O cuando decidí casarme y tener dos hijos maravillosos con una persona a la que no amaba (no como se debe amar a la persona que con la que desearías pasar el resto de tu vida). Sabía en todo momento que todo tenía “fecha de caducidad” y llegaría un día en el que tendría que despedirme de mis propios hijos. Aunque fue muy duro, no puedo decir que no esperase semejante final. Hacer esto a menudo significa dolor o sufrimiento. Pero es lo normal y lógico si decides tener hijos con la persona equivocada. Aceptar esto es asumir el dolor futuro pero también el placer de vivir con tus hijos cada día, como si fuese el último de tu existencia. Con semejante experiencia, y a pesar de todo, ¿No sería todo mas fácil si la franqueza dominase nuestras acciones y palabras por encima del interés? ¿Y si a través de ella marcásemos el ritmo al compás de los demás? La música de nuestra vida sonaría menos desafinada.

Porque cada uno canta su propia canción o al menos eso debería. Ahora con las redes virtuales, afortunadamente las distancias se han acortado tanto, que estamos al alcance de multitud de personas maravillosas que antes habrían pasado desapercibidas e ignoradas. Y cuando esto sucede, esas personas no están mas lejos que aquel amigo que vive al otro lado de la ciudad, pero hace años que no ves. Personas por las que uno cruzaría continentes si fuese necesario. Porque también, casi sin darnos cuenta, el estar al “tiro de una piedra” se ha convertido en estar al “tiro de un avión”, nada mas. Lo que no ha cambiado es el uso y abuso de la mentira, y lo mas fácil, sumado al morbo que esto nos provoca, es el curiosear en la vida de las personas que por algún motivo nos interesan. Y nos dedicamos a ver su “timeline” de cabo a rabo. Yo he de reconocer que jamás los miro. Solo observo su día a día. Mantiene alerta mi curiosidad y me aleja de juicios preestablecidos. Posiblemente pierda de vista aspectos increíbles de algunas personas, pero de todas formas, es imposible abarcar “el mar oceánico en un cubito de playa”. Además, de esta manera es tan fácil mentir (uno cuenta lo que mola pero suele callarse sus miserias, obviamente), que me parece una estupidez conceder tan elevado nivel de credibilidad. Sería como admirar un cuadro en porciones separadas. Reconozco que con esta nueva forma de relacionarse, he recibido unas cuantas solicitudes de amistad de gente que no conocía de nada. No son muchas, pero tampoco pocas. Y el otro día quise limpiar mi bandeja de “otros”. Conforme fui leyendo las notas me di cuenta de que por lo general, la mayoría eran un tanto surrealistas. Una chica incluso me decía… “¿por que no contestas?… Soso…”. A esta persona si le respondí. Solo le comenté: “¿Como sabes que soy soso? ¿así, tan rápido? … simplemente, es que no te conozco de nada, pero ya veo que tú si me conoces, hasta puede que mejor que yo mismo, figura”. Si por lo menos alguna hubiese escrito: “Oye, he visto que tenemos gustos e inquietudes por la vida que me parecen bastante parecidos o afines, y creo que sería bueno para ambos conocernos. Es por esto que me interesas y me gustaría conocerte, pero de verdad. ¿que te parece?”… Pero nada. Mensajes hubo muchos, para todos los gustos, pero en ningún caso me encontré ninguna nota con semejante ejercicio de franqueza… ¿De verdad es tan difícil?.

Así las cosas, no me sorprende que la torpeza se vaya abriendo un espacio entre las personas y la multitud a menudo grite sobre oídos absolutamente sordos.

En fin. Venga, sentémonos y tomemos ese té…

Peter.

A.-teddyappco

“Un cappuccino inesperado”…

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De noche, las calles mojadas, iluminadas por la luz de las farolas, parecían un piso cubierto de espejos…
Pensando en estas cosas iba el jardinero camino a casa. Absorto en sus juegos de pisar charcos, ondulando el paisaje que se le presentaba a cada paso, tropezó con una sombra apoyada en la esquina que daba acceso al estrecho callejón por el que se llegaba a su pequeña morada.
Se detuvo, y sin levantar cabeza susurró… — No deberías andar por estas calles a estas horas de la noche Isabella. Alguien seguramente estará inquietándose por tu ausencia, mi joven amiga.
–Posiblemente, aunque no sea la persona que yo desearía que fuese. –Contestó con la rabia justa para que sonase a reproche.
–Desear que una persona se inquiete por tu ausencia no suena todo lo bien que se debería merecer un deseo ¿no crees?. –Era un hombre de pocas palabras, o eso pensaba ella, pero la mayoría de las veces que lo hacía, había que reconocer que era determinante. Casi tanto, como sus silencios.
–Eso es porque no sabes la inquietud que me provoca la ausencia de los míos, “jardinero sabio, jardinero loco”.
Martín, la tomó del brazo, con suavidad pero firmemente mientras en un arranque de decisión cambió la dirección del camino que había pensado recorrer.
–Ven, anda. Quien sea que te esté esperando, creo que deberá esperar todavía un poco mas. Vamos, te voy a invitar a un cappuccino como no has probado nunca, — y emprendieron un recorrido, en el que de ambas sombras, la suya iba siempre un paso por delante de la de su acompañante, que remolona, evitaba perder de vista la entrada del callejón del que se alejaban…
–Descuida Isabella, el callejón no se moverá jamás de ahí, y ese será un camino que quien sabe si algún día recorrerás. Pero antes, has de saber realmente que es lo que deseas y si estás dispuesta a pagar el coste que te requiera.
–Nuevamente, no entiendo a que te refieres. –Protestaba poco convencida, una frágil Isabella.
–Nos gusta pedir deseos, Isabella, a todos, pero la mayoría los pide gratis. Los quieren sin tener que mover un solo dedo y cuando eso no pasa, protestan. Otras veces los mueven, y mucho, pero tampoco le son concedidos. En todo caso, la mayoría de las personas, se creen con derecho a todo y al fracasar, acaban por convencerse de que en realidad, no tienen derecho a nada. Con lo que, si te fijas, observarás que los dos extremos, frecuentemente, se llegan a tocar con facilidad, ¿no es curioso?.
Caminaron despacio y casi sin levantar la mirada del suelo mojado. A esas horas de la noche, la ciudad dormía y, a excepción de algún que otro taxi nocturno, no había coches ni personas que esquivar.
–En el amor, por ejemplo, soñamos con la persona que elegimos, y dejamos que nos marque los días y las noches. Perdemos el sueño en las noches y la concentración en los días. Y lo deseamos, tan intensamente, que creemos que la vida sin ese amor no tiene sentido. Pero, cuando lo tenemos al alcance de nuestra mano, nos cuesta un mundo levantar un simple dedo y mirar a los ojos de esa persona para decirle: “¿ves este dedo? Este dedo está para coger a otro que pertenezca a otra mano. Una mano distinta de las mías. Y todos los demás dedos, de esta misma mano, están dispuestos a acompañarle…  El destinatario podría ser ése (dijo señalando al índice de la mano derecha de Isabella), ése mismo que acompaña al resto de los dedos de tu mano… ”
Porque a muchas personas, no les basta con que esté al alcance de nuestra mano, sino que además queremos que sea su mano la que coja la nuestra, en un acto de victoria sobre los elementos. Sin embargo, Isabella no hay mayor victoria que ser tu quien levantes primero esa mano y la entregues. Una vez hecho, el resto ya no depende solo de ti y cualquier inquietud debe sosegarse y dejarse mecer por la marea.
–Parece muy simple visto desde la mirada de un jardinero, pero esa marea a veces lleva corrientes que te alejan de aquello por lo que levantaste la mano.
— Así es. El mundo gira con y sin tu consentimiento. Es él el que pone sus regalos a tu disposición, pero forma parte de tu esfuerzo el hacerlos tuyos, y mantenerlos el resto de tu vida.
En esto, llegaron a la puerta de una taberna que apenas iluminaba la penumbra del resto de la calle. Martín, como solía hacer, le abrió la puerta y con su “maldita y cautivadora gentileza”, le invitó a pasar.
–¿De donde había salido este hombre, que se hacía pasar por un simple y humilde jardinero?… Esta vez, estaba decidida a averiguarlo…
A esas horas, con la mayoría de las mesas libres, al unísono eligieron aquella mas retirada de la taberna, justo en la esquina junto al gran ventanal de la fachada, al fondo del recinto.
Mientras Isabella se acomodaba el abrigo en una silla, Martín no esperó a que se acercara el camarero y se dirigió directamente a la barra. Cuando regresó, no dejaría que esta vez se le escapase como el agua de las manos y nerviosa, comenzó  la conversación.
–Martín…, solo sé tu nombre y que eres el jardinero de Maruca, mi abuela. Pero… ¿quien eres en realidad? ¿cual es tu historia, “jardinero loco”? –Dijo sin esperar casi a que su acompañante se acomodase por completo en la silla. Ahora, el mundo giraba exclusivamente en torno a ellos y ella por fin había podido poner en práctica con él, la mejor de sus sonrisas…
–Ummm… Creía que ya me conocías, Isabella, pues soy quien ves que soy. Soy todo aquello que ya has comprobado por ti misma.
–Si, pero… ¿y tu pasado? ¿De donde vienes, y a qué aspiras en tu vida? ¿que te quita el sueño y que te lo da?. No se, todas esas cosas que suelen contarse a una “recién llegada”, como yo. –Su sonrisa se tensaba por momentos, pero es que le exasperaba esa capacidad que tenía Martín para dar la vuelta a cualquier comentario sobre su propia persona, esa era la verdad…
–Hay una cosa que me enseñó Titán, mi perro, y junto con él, el resto de sus amigos del barrio, que podría ayudarme a explicarte. Verás…, cuando vamos al parque, lo suelto en el recinto cerrado para que corra un poco y juegue con los demás perros. Allí encuentra viejos conocidos con los que efusivamente se saludan y corretean, y recién llegados, a los que todos, con respeto y prudencia se acercan a conocer. Se huelen e inmediatamente revelan sus intenciones y pensamientos. No se preguntan donde han nacido, o cuantos años tienen, o como de grande es la casa donde viven. Solo se miran y expresan sus sentimientos e intenciones. O mueven la cola alegremente y juegan, o echan la orejas para atrás y automáticamente guardan un espacio entre ellos. Los hay que por estar mal sociabilizados, son incapaces de entrar ni siquiera en el recinto. Su vida es tan fácil, porque ellos, los perros, no saben mentir. Se exponen en todo momento al mundo, mostrándose tal y como son. Ellos no se preguntan por su pasado, ni por su futuro. Porque solo viven el presente y actúan en consecuencia a “como son” ese determinado día…
Pues bien, Isabella, de la misma manera, los humanos somos lo que somos hoy, y no lo que fuimos en el pasado, ni lo que seremos en el futuro, aunque ambos estén presentes en cada uno de nuestros días. Nada esta dicho por completo y todo esta por decir, en este teatro de la vida.
Es por esto que la historia de nosotros nunca acaba hasta que cae el telón…

Peter.
(De “Isabella y el jardín de las moras”)

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Una travesía por los mares de la confusión…

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Siempre digo que para escribir, tienes primero que tener algo para contar, y para eso primero hay que vivir, chapotear y saltar, y mojarte hasta que el agua te cale los huesos, y después, si aun te quedan ganas y fuerza, entonces escribir y contar algo que consideres que vale la pena ser contado. Es por eso que he estado ausente un tiempo,  porque simplemente he estado navegando por estos mares que la gente llama vida, y en ellos, como todos vosotros, mi principal objetivo ha sido mantenerme a flote y disfrutar de la travesía. Son éstos los que me han impedido escribir una sola letra en todo este tiempo. Y ahora que me tomo una pausa, agito un poco este cocktail,  y me pongo a golpear teclitas…

El caso es que hoy me gustaría reflexionar sobre un tema que por su actualidad, me ha parecido idóneo para exponéroslo a examen. Describe un hecho palpable y reciente en nuestra sociedad. Me refiero a esa actitud optimista que impregna cada vez mas, todos los rincones de nuestras vidas. He de agradecer a mi estimada amiga R. el que pusiese recientemente a mi alcance (y al de otras muchas mentes), a través de la exposición en una de sus entradas, un interesante artículo de Alejandro García, llamado “Psicología Positiva: Sonreirás sobre todas las cosas” (http://www.jotdown.es/2015/04/psicologia-positiva-y-sonreiras-sobre-todas-las-cosas/). Riguroso y completo artículo, en el que se hace una documentada crítica a la reciente corriente mediática, fácilmente perceptible en numerosos ámbitos de nuestra sociedad, desde la publicidad a la literatura, la música o las conversaciones de barra de bar, hasta por supuesto, la ciencia, en la que se prioriza el optimismo hasta límites “sospechosamente perniciosos”. Aunque con algunas lagunas, al menos desde mi pequeño punto de vista. Concretamente, el autor incide en ese campo y analiza esa parte de la psicología, conocida justamente por ese nombre y cuya base es la búsqueda del bienestar psicológico (o felicidad) a través del positivismo que aportan conceptos como crecimiento personal o creatividad, o cierto “optimismo forzado” según expresa, cuestionando sus principios metodológicos como principios pseudocientíficos, y a menudo ligados a movimientos relacionados con el “pensamiento mágico”. El autor mencionado plantea la siguiente cuestión respecto a esta nueva tendencia con la siguiente pregunta: “¿es realmente sano poner al mal tiempo buena cara en todo momento?”… ¿Que pensáis vosotros?…

Al menos, si en algo estoy de acuerdo con el autor, es que esta reciente corriente del pensamiento no es nada nueva. Aparte de las referencias intelectuales que menciona (Maslow en 1954, McKinnon en 1962, etc.), habría que mencionar las corrientes filosófico-religiosas del taoismo (con su “Tao te king” o “camino de la virtud”), el budismo oriental, la kabbalah hebrea, el sufismo musulmán o hasta el hedonismo griego, que a pesar de los siglos pasados, apuntan maneras hacia la mencionada “psicología positiva”. Lo cual no me parece desdeñable, a juzgar por los seguidores con que cuentan a día de hoy. También ignora, no sé si por desconocimiento, que el origen de esta nueva actualización de pensamiento, ya fue anunciada y advertida en un libro de notable éxito editorial escrito en los años setenta, creo recordar que por dos franceses, “El Retorno de los Brujos”, de L. Pauwels y J. Bergier, aunque no cayó en mis manos  hasta años mas tarde (en los 70 estaba yo haciendo cabañas en los árboles y partiéndome la crisma…), en el que de una manera muy dispersa, hablaban de la saturación social de los modos de vida estrictamente científicos y/o materiales. Y luego llegaron los libros de Eckhart Tolle, con su “El Poder del Ahora”, Rhonda Byrne, con su “Secreto”, best seller que menciona, y que no he leído ni leeré, Paulo Coelho, o el mucho menos conocido, Tom Heckel con su “Baba Om, una odisea mística” (en el que insiste en que “es mejor sentir que pensar”), y todo el resto de autores que en mas o menos medida, beben de las mismas fuentes y no hacen mas que recordarnos que, con la fuerza de nuestra actitud, son superables la mayoría de los obstáculos que nos acosan en nuestra vida cotidiana.

Lógicamente, semejante impulso literario estimuló enormemente la expansión de una cultura individualista como reacción defensiva a la situación de crisis imperante, a modo de “sálvese quien pueda, pero primero yo” y produjo el mestizaje de ciertos hábitos de vida, que en poco tiempo pasaron de minoritarios a formar parte habitual de nuestros días. Desde el gimnasio, pilates o yoga a las artes marciales mas filosóficas como el Aikido, que se centra en luchar contra la resistencia a la realidad que nos acosa y la rabia o ira que semejante actitud genera…

Expuesto el marco en el que nos encontramos, pregunto, ¿Es realmente tan peligroso este pensamiento? ¿Tan negativo es cargar de responsabilidad nuestros actos? ¿Sonreír al fracaso es tan estúpido?

En mi opinión, no me gusta el nombre que se le ha dado, porque no refleja del todo lo que representa. La “psicología positiva” no niega la “parte negativa” del proceso vital, en absoluto. Solo trata de mostrarla desde su enfoque mas realista. En suma, trata de posicionar cada hecho, en su justo valor, y aceptarlo e interpretarlo desde todos sus perfiles. Al contrario de lo que expresa el citado artículo, esta corriente de pensamiento no reniega de la existencia del fracaso o la incapacidad, sino que la encara de una manera consciente, enfrentándose al drama de la vida con la naturalidad que da saber hasta que punto es insuperable o no. Justo al contrario de la “psicología clásica”, que considera a éstos fenómenos como el origen de la frustración que provocan cuando, literalmente, “se tira la toalla” en el reto de afrontarlos y para superarla, se recurre a la aceptación conductual o farmacológica… Sin embargo, los resultados de la primera dan lugar a soluciones creativas e inesperadas. En cuyo caso a veces, por inesperadas, no quiere decir que no sean menos válidas o a menudo mejores que las que han demostrado su fracaso.

Es por eso que yo prefiero llamarla “psicología evolutiva” (el nombre es cosecha propia…), ya que expresa una visión del proceso vital que va mas allá de los resultados “cortoplacistas” de los psicólogos clásicos. Está mas que probado que el “homo sapiens” no se ha movido un ápice en su evolución fisiológico-bioquímica desde que vio la luz por primera vez hace ya muchos siglos. En nuestra especie, el único campo que le queda por evolucionar es un cerebro que malgastamos usando solo un 20% de su capacidad. Como expuso muy inteligentemente Luc Besson en su film “Lucy”, la naturaleza animal en su evolución, llegó a desarrollar el radar-sonar (delfines, murciélagos, etc.) o el teléfono móvil (feromonas) de una manera tan creativa o mas aún que la nuestra, basada casi exclusivamente en la tecnología. De igual forma, la psicología evolutiva podría ser un avance en el desarrollo de nuestra complejidad social para aumentar y mejorar nuestra capacidad de afrontar retos vitales y que a menudo acaban siendo incapacitantes…

Puede que en el fondo, estemos siendo testigos del desarrollo de ese oscuro rincón de nuestra mente que ocupa la conciencia, la cual  se encarga de hacernos vivir en consecuencia, aceptando nuestros límites sin renunciar a nuestros sueños, en beneficio del aprendizaje que nos aportan tanto nuestros éxitos como fracasos, y que, reconociéndolos como tal, contribuyan a hacer nuestro recorrido por esta vida un poquito mas fácil…

¿Alguien puede saberlo? 🙂

Peter.

“Tú no caminas porque tengas piernas;
caminas porque tienes voluntad.”
(Máxima Sufí)

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P.D.: Y como tapa del finde, aquí os dejo con este tema de “Tega and Sara”… Bueeena semana gente!! 😉

Be yourself…

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“Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: “Es un sombrero”. Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable”.

Saint Exupery- “El Principito”.

 

Hace poco leí un artículo que me dejó pensando toda la semana. Reconozco que a mi primera impresión, me gustó, era indiscutible. Un texto bien escrito y cargado de un razonable sentido común. Una bella exposición en la que se proponía una actitud ante la vida libre y atrevida, cuyo objetivo principal fuese el mostrarse a los demás tal y como se es. Una evocación en la que se arengaba a la conveniencia de mostrarse abiertamente a las personas que nos rodean, sin miedos ni esperas en un supuesto momento idóneo, que por lo general, nunca llega. En suma, una excelente clase magistral de “coaching”. Pero a pesar de todo, había algo que hacía chirriar mis engranajes mas internos… ¿que tipo de experiencia había tenido la autora para defender semejante línea de acción?

Resumidamente, proponía que la “belleza interior” hay que saberla mostrar al exterior, y que no sirve de nada guardársela solo para sí. Hasta ahí, perfecto. Suena hasta bien. La alarma me saltó cuando describía la situación como un escaparate que hay que saber vender adecuadamente, pasando casi “de puntillas”, por esas personas que hacen de su “escaparate” su modo de vida, y su excelencia en venderlo, su principal objetivo en la vida.

En mi fuero interno, algo descuadraba. En mi caso, realmente nunca me había planteado tal necesidad, es mas, era de la opinión de que nuestra manera de ser no se vende, ni se expone indiscriminadamente a todo el mundo. El motivo viene sutilmente descrito en el párrafo de Saint Exupery. Pero voy a intentar desarrollarlo…

Cada uno de nosotros, somos lo que somos, y tenemos lo que tenemos. No podemos dar lo que no tenemos sin que tarde o temprano se nos vea “el plumero”… Puestos a vender, mejor no vender lo que no tengamos. Y si vendemos lo que si tenemos, seamos primero conscientes de que no todos serán agradables receptores de nuestras luces y bondades personales. Partiendo de esta máxima, las personas tienden a agruparse según sus propias afinidades. A priori, no parece nada complicado. Los problemas pueden llegar después…

Porque en nuestro afán de mostrarnos al mundo, nos vamos a cruzar con dos fuerzas enormemente negativas, que nos van a acosar y tentar para hacernos fracasar en nuestro intento. Una tendrá su origen en el exterior. La otra nos amenazará desde la zona mas oscura de nosotros mismos. Me estoy refiriendo a la “envidia” y a las “falsas apariencias”. Y a ambas tendremos que hacerles frente de la manera mas consciente posible, si queremos vencer en “la mejor de las conquistas”, como diría Platón…

Permitidme hablar un poco de ellas…

Sabed que en este remolino de vidas, posiblemente casi todos acepten condescendientemente la presentación de vuestros tropiezos y fracasos, y no os faltarán aquellos que os den palmaditas en la espalda (de hecho, los hay que hacen del “victimismo” su principal carácter…), sin embargo, el verdadero riesgo será exponer vuestro yo mas victorioso, porque el “común de los mortales” si algo digiere mal, es el éxito ajeno. De la manera mas banal e inútil, van a considerarlo como algo realmente hostil a su propia persona y se engañarán sintiendo la necesidad de criticaros como si el desprecio de vuestros éxitos fuese la victoria de los suyos propios, cuando la verdad es que no tienen en absoluto nada que ver… pues en eso consiste el ejercicio de la envidia.

Y por el otro lado de la tormenta, también somos conscientes de que a menudo tenemos la tendencia a etiquetar y enjuiciar a todo lo que se nos pone por delante, fruto del perezoso ejercicio de nuestro cerebro, para evitar esfuerzos en la interpretación de nuestras relaciones personales. Por lo que en todo este intento de mostrarnos al mundo, es fácil acabar en una “abreviatura de nosotros mismos”, acabando ésta por convertirse en una involuntaria especie de tarjeta de visita o presentación, o lo que sería peor, en una falsa aunque probablemente deseada, exposición categórica de nuestra personalidad. Un “postureo” que indique lo que pudimos quizá haber sido, si no nos hubiésemos detenido a la mitad de camino…

Finalmente, me pregunto ¿por que exponerte a semejantes vilezas que pueden convertirte en objetivo a derribar, o a engañarte a ti mismo y a los demás? ¿quién necesita buscarse gratuitamente mas enemigos de los justamente merecidos? Posiblemente nuestros miedos a no agradar, a no ser aceptados o “comprados” tengan gran parte de la culpa. Y es por esto por lo que realmente me decidí a escribir esto. Porque no hay que dejar que eso os quite el sueño, porque no urge vender bien nuestro escaparate, porque si lo que hay dentro es valioso, se venderá solo. Y si no lo es, lo que debes hacer, es cambiarlo…

No digo tampoco con esto, que haya que ocultar nuestra verdadera esencia, nuestro yo. Simplemente hay que dosificarlo. Y darle a cada cual lo que su capacidad personal admita. Dar mas, aturulla, y menos, decepciona. Pero claro, es solo mi opinión…

Peter.

“To be or not to be…”. Hamlet. Act III, Scene 1.

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Rumor…

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Rumor, rumor de largos cabellos a lo lejos
y amplia sonrisa de marfil y fresa,
temblor palpable que alteras mis ojos
haces latir un corazón que no cesa.

Las horas pasan en un mar confuso
desplegando su enorme vela
mientras yo, que no duermo por tan fugaz estrella,
quisiera que fueras de mi barco estela.

Pretendo pisar fuerte en la arena,
y vencer los obstáculos de esta incierta carrera
pero hay días de tropiezos y mareas
que nos sacuden y frenan.
Entonces las arenas se tornan piedras.

Hoy no consigo escuchar ni al silencio.
Y mañana volverá el pájaro cantor,
pero hoy mis oídos solo escuchan el dolor
aún callado de una oculta pena.

Peter. (De “Cartas al oído de nadie”)

El Mundo es de los Valientes…

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Aunque últimamente da la sensación de que el mundo que conocemos no gana para sustos, creo que va siendo hora de que alguien levante un poco la voz.  Parece como si la “ideología del miedo” fuese últimamente mas rentable que nunca. Al menos en estos 7 últimos años, da la sensación de que ha sido ésta la tendencia mas aparentemente visible de entre todas las posibles.

Y el caso es que todo parece orquestado al unísono por una mente maquiavélica. Porque los hechos se han venido sucediendo a un ritmo tal, que parecen ajustarse a alguna lúgubre partitura…

A pesar de los abundantes avisos que hubo previos, en todos los campos referentes (tirad de bibliografía…), se les hizo caso omiso, y nuestras sociedades vivieron un sueño del que no querían ser despertados. Léase como ejemplo el libro de Joaquín Estefanía, “La economía del miedo”, editorial Galaxia Gutenberg, publicado el 28 de noviembre del 2011…

Finalmente, la avalancha llegó y como siempre, cogió primero a los mas despistados. Apareció una crisis económica que cambió todas las estructuras supuestamente intocables de nuestra sociedad, de manera que tardarán posiblemente generaciones para volver al punto de partida. Pero a esa ideología del  miedo se apuntaron todos los actores posibles, desde los políticos y económicos, a los religiosos y culturales…

Ahora, al final de una sacudida que ha sido llevada al límite de nuestras sociedades, dicen que hay cambio de ciclo y que comenzará una remontada, cuando la realidad es que no solo las economías han cambiado. En todos los campos se encargan bien de recordarnos que nuestro mundo se ha vuelto mas inestable e inseguro que nunca. Y a consecuencia de esto, también se han readaptado los sistemas de salud, las prioridades sociales, las medidas policiales y hasta las guerras y terrorismos. Porque ahora éstos últimos, se han convertido tan “trending topic” como antes lo era “Gran Hermano”…

Ya casi nadie habla del colapso energético, porque se supone superado (¿repentinamente?… ya…). O la debacle ambiental. Ahora interesa recalcar que no estamos seguros ni comprando en nuestro supermercado de la esquina. Y todo de manera súbita… oh!! pobres, nadie se lo podía esperar…

Pues si, hubo gente que sí, y a éstos no nos pillaron con el paso cambiado. Lo vimos y nos preparamos cual “Noes con sus Arcas”. Y sí, tuvimos que escuchar alguna sonrisita mientras… Pero de la misma manera, que lo vimos venir, ahora vemos como el miedo es política y socialmente rentable y se potencia siempre que se puede porque es el caldo de cultivo para el conformismo y la mansedumbre colectiva.

Y no es que antes no existiese. La prudencia siempre fue una de las primeras virtudes que nuestros padres quisieron grabar en  nuestras mentes. Por supuesto. Pero es que ellos pasaron hambre, de la de verdad, y nosotros, hasta esta crisis, no. Y parece confirmarse como una eficaz herramienta a la hora de modificar las mentes de manera masiva, probablemente. Por eso precisamente, hay que estar bien atento. Recuerdo como alguien siempre me repetía que “la prudencia y el valor, cuando van de la mano, llegan mucho mas lejos que por si solos”… Otros hubo que prefirieron hermanar la prudencia con el miedo. A estos, hace tiempo que les perdí el paso desde donde alcanza mi vista. La última vez que los vi, estaban resoplando angustiados por el miedo a no perder un trabajo que no les llena, miedo a no agradar, miedo a perder una pareja que no aguantan (“mas vale pájaro en mano”…), miedo a perder el paro, miedo a los cambios, miedo al fracaso… Siempre va ha haber personas dispuestas a recordarte que tus sueños y aspiraciones son inalcanzables y te espera la mayor de las caídas. Pues va a ser que unas veces si, pero otras veces, no.

Por eso mismo, me rebelé en su momento y lo hago ahora. De haberles hecho caso, no habría salido de mi pequeña ciudad, ni habría cometido ni la mitad de errores y aciertos que cometí. No, no es el momento del miedo, sino del valor. Valor en luchar por lo que nos corresponde, por nuestra libertad y respeto mutuo. Coger los retos que se nos presentan todos los días y mirarlos a la cara, con la determinación de que lo imposible es solo improbable hasta que no damos el primer paso. Desempolvar nuestras manos y nuestra imaginación para afrontarlos, asumiendo sus riesgos con la conciencia despierta, porque si no lo intentamos al menos, el fracaso está asegurado. Pero si nos ponemos a ello, nos damos a nosotros mismos una oportunidad. El mundo es de los Valientes…, y a los Conformistas solo les corresponde el papel de “espectadores” de este teatro. De nada sirve quejarse al final del partido si no tuviste el coraje de participar en el juego. Valor para mejorar lo mejorable y desterrar la estupidez. Solo así podrán evolucionar nuestras sociedades, y nosotros con ellas…

Recuerdo como hace unos años, decidí llevar a mis hijos a Egipto. Y como prácticamente no se lo dije a nadie de mi familia. Ya sabía lo que me iban a decir, así que ya se lo contaríamos a la vuelta. Creo recordar que tenían entre 8 y 10 años. Reconozco que ya estaban algo acostumbrados, pues desde que abrieron los ojos, solíamos irnos a nuestra casa de Marruecos, pero este viaje fue especial, y desde entonces mis hijos no han parado de viajar y siguen creciendo…, en mas sentidos que no son solo su “tamaño”… Aún hoy nos partimos de la risa al recordar como David echó “la pota” justo al lado de la máscara de oro del faraón Tutankamon, en el museo arqueológico del Cairo. A veces comentamos que nadie mas que él, en este planeta, puede decir que le vomitó a Tutankamon. Si, claro, cogió una “gastroenteritis de caballo”, pero eso formará parte siempre de su propia historia… y de la mía… lo mismo que para Gabriela lo fue el tomar un falafel en pan de pita, a la sombra de las pirámides…

Aprendieron que el valor de los ignorantes es suicida, pero el miedo de los cobardes también…

Al menos, es para pensárselo un poquito ¿no?. Bueno, pues para eso bien sirve un fin de semana… Buen finde!!!! 😉

 

Peter.

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Isabella… (II)

Alice in wonderland

 

“Hubo días de ese invierno en que el buen tiempo nos dio una tregua, y me permitió  adentrarme un poco mas en las zonas mas boscosas del jardín para adecentarlo un poco. Detrás de las tormentas, siempre pasaba lo mismo, se podían ver con claridad que plantas eran las que de verdad estaban bien enraizadas y en cuales todo había sido pura apariencia… A las fuertes y vigorosas, solo las palmeaba y me sentaba a su sombra para disfrutar de su seguridad y los musicales sonidos que desprendían sus ramas cuando jugueteaban con el viento. Sin embargo, las que me habían demostrado mas debilidad eran a las que tenía que dedicar mas tiempo y cariño…

A menudo, cuando Isabella me encontraba en estas tareas, bruscamente detenía su paseo y se  remangaba para ayudar… aunque yo bien sabía ya cual era su intención principal que no era mas que conseguir sacar alguna frase de mi boca. Yo la dejaba hacer y nos divertíamos  ambos con ese juego…, por supuesto, si sacabas preguntas y obtenías sus respuestas, el premio era doble. ¿Dije ya que jugábamos ambos?…

Bien, pues en uno de esos días especialmente agotadores, en los que aprovechaba para mimar un poco mas a las plantas mas necesitadas, Isabella apareció por el sendero como otras veces, con su libro bajo el brazo y con ese aire de suficiencia que solo da la ignorancia de la juventud. Pasó de largo, con un tímido hola y su mirada lateral de soslayo aparentando una despreocupación que a esas alturas, no se creía nadie… Yo, que nunca me gustó dirigir la vida de nadie, como tampoco jamás permití que lo hiciesen con la mía, le devolví igualmente el saludo sin dejar mi actividad. A los cinco pasos, se volvió y con irritación me espetó –“no sé como con el día tan bueno que ha salido, pierdes el tiempo con esos despojos de plantas…”, A lo que, con una sonrisa, contesté  –“Estos despojos, como tú las llamas, echaron un día raíces con la intención de vivir y crecer, igual que el resto de las del jardín e igual que tu, Isabella. Simplemente, nacieron mas débiles o con la mala fortuna de no caer sus semillas en el suelo mas apropiado. ¿Que tal si las ayudas un poquito?”. Y nuevamente Isabella volvió sobre sus pasos para aprender un poco mas sobre la vida que le rodeaba, que no era mas que la suya propia…

A los pocos minutos de incorporarse en la labor de recoger la broza resultante de la última tormenta, repentinamente dio un grito y agitando sus brazos empezó a saltar y a  maldecir con todas sus ganas… “Rayos, me cago en… se me ha clavado una astilla!!!… ¿has visto lo que pasa por dedicarle tanto tiempo a esta mierda de plantas?, están todas jodidamente secas y tu no haces mas que podarlas, limpiarlas y drenarles los suelos o echarles abonos. ¿No ves que están semimuertas? No son para nada determinantes en el jardín. Es mas, contribuyen en afearlo. ¿Por que no te limitas a los árboles y plantas mas exuberantes? Por mucho que las recuperes, lo mas probable es que no den ni una flor en toda la primavera próxima…” Con calma dejé todo en el suelo y cogiéndole la mano, me dispuse a intentar extraerle la astilla…  –“Isabella, la furia no te sacará la astilla. Decirte que lo que dices es cierto sería un completo error. Faltan muchas semanas para eso y para entonces, nadie sabe de antemano como responderán. Pero de lo que sí puedes estar segura es de que en una gran parte de como se encuentren en primavera, habrán sido determinantes todos los días de este invierno, tanto los malos como los buenos, tal y como lo es el de hoy.

Pero no Isabella, no te confundas, este jardinero no está ciego. No pienses que porque les dedique mas atenciones, son mis favoritas. Simplemente, necesitan que les den otra oportunidad. Después, cada una demostrará su verdadero valor, y las que se lo hayan merecido, crecerán y regalarán flores. Las que no, el tiempo nos lo dirá y malvivirán sus días. Pero, en lo que les suceda, no podrán echarle la culpa al jardinero…

Por si no lo sabes, a mi me gusta mucho mas la fortaleza de los grandes árboles, firmes y generosos, o los hermosos y aromáticos arbustos con sus abundantes hojas y flores, o las valientes y discretas enredaderas con su constante lucha por trepar  por sitios imposibles en busca de la luz, no como a ti, es cierto, que te apasionan las plantas de bonitas flores. Pero piensa por un momento, que no hay cosa mas fugaz que una flor. Es bella pero frágil y  efímera. Ellos no necesitan de tantos cuidados, y no dan una, sino muchas flores a lo largo de su vida, quizá no tan llamativas, pero igualmente dan sus frutos. Son supervivientes natos y sus raíces son mas fuertes y profundas de lo que te imaginas. Por eso los admiro. De ellos disfruto mis tardes libres, cuando vengo a tumbarme sobre la hierba. Pero las plantas de temporada, esas que compra tu madre en primavera, o las plantan en los jardines públicos. Esas son distintas. Son bellísimas, y toda la gente las admira, las compran o las regalan. Como las margaritas. Exuberantes y atrevidas por fuera, pero casi sin raíces debajo de la tierra. Lo dan todo y lo esperan todo de golpe, y todo su aroma, exuberancia y flores, las convierten durante un breve periodo de tiempo en las mas bellas del jardín. Su problema real es que son tan explosivas, que mueren pronto. En el fondo, si no fuese por la ayuda de los insectos o de los jardineros, para cuidar de sus semillas, probablemente ya se habrían extinguido. Así que, mi querida amiga no tengas prisa por florecer sin antes tener unas raíces poderosas…”

Peter.
(De “Isabella y el jardín de las moras”).

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