Si Donatello levantara la cabeza…

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Hace ya mucho, mucho tiempo… Un chico  joven que estudiaba “Historia del Arte”, un día cualquiera, se sentó en su pupitre como siempre al final de la clase, abrió su libro y esperó a que pasase una mañana mas. Llegaron los días en que tocó hablar del “Renacimiento” de finales del siglo XIV y todo el siglo XV. Una época de esplendor que sucedió en Europa, allá por aquellos tiempos en que se salía de los tenebrosos años de la alta Edad Media. Años que fueron de hambre, ignorancia, epidemias y guerras. Tiempos en los que occidente, por fin, salía del oscurantismo y daba la bienvenida al conocimiento latino y griego, al arte y la ciencia…

“Donato di Niccolo di Betto Bardi”, mas conocido por el nombre de Donatello, (Florencia, 1386-1466) fue uno de los primeros artistas que originaron aquella fascinante corriente cultural. Cuando este chico imberbe tuvo acceso a algunas de sus obras, hubo una especialmente, que le llamó la atención. Simplemente esta obra, le pareció sublime. Se llamaba el “San Jorge” de Donatello. Y había sido esculpido por encargo de un gremio de coraceros, para la iglesia de San Michele de Florencia. De esta obra, Vasari decía… “en su cabeza se reconoce la belleza de la juventud, el ánimo y el valor con las armas, una vivacidad de gallardía terrible y un maravilloso gesto de movimiento dentro de la piedra”. Pero para este chico, esta pieza le decía mas. Encarnaba el gesto, el ideal que él en ese momento consideró el oportuno, el correcto, el camino que deberían de recorrer todos los hombres en el devenir de sus días. En palabras de su profesora, era la representación del “hombre del renacimiento”. Un hombre educado en el arte y en el conocimiento de las matemáticas, el latín, la literatura, la música, la ingeniería y la medicina, y todo ello sin renunciar al rigor de las armas, la práctica de la esgrima o la equitación.

Pasó el tiempo y un día ese chico, ya mas crecido, pudo admirarlo toda una mañana, allá en Florencia. Y aquel círculo fue cerrado.

Jamás habló de su admiración a nadie y menos aún, sobre su determinación de poder encarnar algún día él mismo, semejante ideal. No hizo falta. En mas de una ocasión, la envidia o el rencor de algunas personas, le tildaron, de manera despectiva, como un “repelente hombre del renacimiento”. Simplemente por compaginar el conocimiento que da el silencioso estudio de las mas variadas disciplinas, con las mas arriesgadas actividades físicas y deportivas…

Ha pasado el tiempo y, mirando a mi alrededor, a veces me pregunto que fue de ese hombre en nuestros días. Observo como todo se ha diluido y simplificado hasta tal punto de escuchar expresiones en la calle o actitudes que reflejan dos categorías en la sociedad, completamente distintas y aparentemente enfrentadas.

Están, por una parte, los “frikis” que representan el amor por el intelecto, el conocimiento o simplemente, la imaginación. Aparentemente débiles de actitudes atléticas, suplidas  por su capacidad intelectual. Y por otra, los “Ironmen” que se colocan justo al otro lado de la línea. Personas de cuerpos esculpidos a base de horas de gimnasio y consumo de proteínas. Fuertes de un carácter que le imprime el creerse poderosos en los deportes, e ignorantes al mismo tiempo de todo aquello que esté mas allá de la pantalla de televisión…

Y así, como seres gregarios que somos, se agrupan por estas afinidades y desprecian a los miembros de aquellas que le son ajenas.

Yo miro y remiro, y me pregunto qué fue de ese hombre, ¿donde quedó?¿como hemos podido llegar a esto? Si Donatello levantara la cabeza… Al menos, quizá estas letras levanten las miradas de algunos ojos que hagan cuestionarse cual es su actitud… o cual es la mía. Créeme, todo valdría si sirviese para romper las cadenas del escepticismo que da el imponernos unos límites que pueden llegar, equivocadamente, a encorsetarnos en una estrecha y miope actitud en el desarrollo de nuestro limitado tiempo de vida …

Ser ambiciosos y no renunciar a nada sin ni siquiera haberlo intentado. Casi nunca se puede prever el final. Deja de ser el espectador y actúa YA. Puede que te sorprendan tus resultados!!

Entre semejantes paisajes baila aún hoy este chico, divertido al ver como algunos cuando hablan “caen bellotas” o como otros se sienten incapaces de realizar cualquier esfuerzo físico. Pero no penséis, ni tan solo por un instante, que alguna vez se halla burlado de ninguno de ellos. Jamás.

Él calla, comparte y sonríe…

Peter.

 

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