Una travesía por los mares de la confusión…

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Siempre digo que para escribir, tienes primero que tener algo para contar, y para eso primero hay que vivir, chapotear y saltar, y mojarte hasta que el agua te cale los huesos, y después, si aun te quedan ganas y fuerza, entonces escribir y contar algo que consideres que vale la pena ser contado. Es por eso que he estado ausente un tiempo,  porque simplemente he estado navegando por estos mares que la gente llama vida, y en ellos, como todos vosotros, mi principal objetivo ha sido mantenerme a flote y disfrutar de la travesía. Son éstos los que me han impedido escribir una sola letra en todo este tiempo. Y ahora que me tomo una pausa, agito un poco este cocktail,  y me pongo a golpear teclitas…

El caso es que hoy me gustaría reflexionar sobre un tema que por su actualidad, me ha parecido idóneo para exponéroslo a examen. Describe un hecho palpable y reciente en nuestra sociedad. Me refiero a esa actitud optimista que impregna cada vez mas, todos los rincones de nuestras vidas. He de agradecer a mi estimada amiga R. el que pusiese recientemente a mi alcance (y al de otras muchas mentes), a través de la exposición en una de sus entradas, un interesante artículo de Alejandro García, llamado “Psicología Positiva: Sonreirás sobre todas las cosas” (http://www.jotdown.es/2015/04/psicologia-positiva-y-sonreiras-sobre-todas-las-cosas/). Riguroso y completo artículo, en el que se hace una documentada crítica a la reciente corriente mediática, fácilmente perceptible en numerosos ámbitos de nuestra sociedad, desde la publicidad a la literatura, la música o las conversaciones de barra de bar, hasta por supuesto, la ciencia, en la que se prioriza el optimismo hasta límites “sospechosamente perniciosos”. Aunque con algunas lagunas, al menos desde mi pequeño punto de vista. Concretamente, el autor incide en ese campo y analiza esa parte de la psicología, conocida justamente por ese nombre y cuya base es la búsqueda del bienestar psicológico (o felicidad) a través del positivismo que aportan conceptos como crecimiento personal o creatividad, o cierto “optimismo forzado” según expresa, cuestionando sus principios metodológicos como principios pseudocientíficos, y a menudo ligados a movimientos relacionados con el “pensamiento mágico”. El autor mencionado plantea la siguiente cuestión respecto a esta nueva tendencia con la siguiente pregunta: “¿es realmente sano poner al mal tiempo buena cara en todo momento?”… ¿Que pensáis vosotros?…

Al menos, si en algo estoy de acuerdo con el autor, es que esta reciente corriente del pensamiento no es nada nueva. Aparte de las referencias intelectuales que menciona (Maslow en 1954, McKinnon en 1962, etc.), habría que mencionar las corrientes filosófico-religiosas del taoismo (con su “Tao te king” o “camino de la virtud”), el budismo oriental, la kabbalah hebrea, el sufismo musulmán o hasta el hedonismo griego, que a pesar de los siglos pasados, apuntan maneras hacia la mencionada “psicología positiva”. Lo cual no me parece desdeñable, a juzgar por los seguidores con que cuentan a día de hoy. También ignora, no sé si por desconocimiento, que el origen de esta nueva actualización de pensamiento, ya fue anunciada y advertida en un libro de notable éxito editorial escrito en los años setenta, creo recordar que por dos franceses, “El Retorno de los Brujos”, de L. Pauwels y J. Bergier, aunque no cayó en mis manos  hasta años mas tarde (en los 70 estaba yo haciendo cabañas en los árboles y partiéndome la crisma…), en el que de una manera muy dispersa, hablaban de la saturación social de los modos de vida estrictamente científicos y/o materiales. Y luego llegaron los libros de Eckhart Tolle, con su “El Poder del Ahora”, Rhonda Byrne, con su “Secreto”, best seller que menciona, y que no he leído ni leeré, Paulo Coelho, o el mucho menos conocido, Tom Heckel con su “Baba Om, una odisea mística” (en el que insiste en que “es mejor sentir que pensar”), y todo el resto de autores que en mas o menos medida, beben de las mismas fuentes y no hacen mas que recordarnos que, con la fuerza de nuestra actitud, son superables la mayoría de los obstáculos que nos acosan en nuestra vida cotidiana.

Lógicamente, semejante impulso literario estimuló enormemente la expansión de una cultura individualista como reacción defensiva a la situación de crisis imperante, a modo de “sálvese quien pueda, pero primero yo” y produjo el mestizaje de ciertos hábitos de vida, que en poco tiempo pasaron de minoritarios a formar parte habitual de nuestros días. Desde el gimnasio, pilates o yoga a las artes marciales mas filosóficas como el Aikido, que se centra en luchar contra la resistencia a la realidad que nos acosa y la rabia o ira que semejante actitud genera…

Expuesto el marco en el que nos encontramos, pregunto, ¿Es realmente tan peligroso este pensamiento? ¿Tan negativo es cargar de responsabilidad nuestros actos? ¿Sonreír al fracaso es tan estúpido?

En mi opinión, no me gusta el nombre que se le ha dado, porque no refleja del todo lo que representa. La “psicología positiva” no niega la “parte negativa” del proceso vital, en absoluto. Solo trata de mostrarla desde su enfoque mas realista. En suma, trata de posicionar cada hecho, en su justo valor, y aceptarlo e interpretarlo desde todos sus perfiles. Al contrario de lo que expresa el citado artículo, esta corriente de pensamiento no reniega de la existencia del fracaso o la incapacidad, sino que la encara de una manera consciente, enfrentándose al drama de la vida con la naturalidad que da saber hasta que punto es insuperable o no. Justo al contrario de la “psicología clásica”, que considera a éstos fenómenos como el origen de la frustración que provocan cuando, literalmente, “se tira la toalla” en el reto de afrontarlos y para superarla, se recurre a la aceptación conductual o farmacológica… Sin embargo, los resultados de la primera dan lugar a soluciones creativas e inesperadas. En cuyo caso a veces, por inesperadas, no quiere decir que no sean menos válidas o a menudo mejores que las que han demostrado su fracaso.

Es por eso que yo prefiero llamarla “psicología evolutiva” (el nombre es cosecha propia…), ya que expresa una visión del proceso vital que va mas allá de los resultados “cortoplacistas” de los psicólogos clásicos. Está mas que probado que el “homo sapiens” no se ha movido un ápice en su evolución fisiológico-bioquímica desde que vio la luz por primera vez hace ya muchos siglos. En nuestra especie, el único campo que le queda por evolucionar es un cerebro que malgastamos usando solo un 20% de su capacidad. Como expuso muy inteligentemente Luc Besson en su film “Lucy”, la naturaleza animal en su evolución, llegó a desarrollar el radar-sonar (delfines, murciélagos, etc.) o el teléfono móvil (feromonas) de una manera tan creativa o mas aún que la nuestra, basada casi exclusivamente en la tecnología. De igual forma, la psicología evolutiva podría ser un avance en el desarrollo de nuestra complejidad social para aumentar y mejorar nuestra capacidad de afrontar retos vitales y que a menudo acaban siendo incapacitantes…

Puede que en el fondo, estemos siendo testigos del desarrollo de ese oscuro rincón de nuestra mente que ocupa la conciencia, la cual  se encarga de hacernos vivir en consecuencia, aceptando nuestros límites sin renunciar a nuestros sueños, en beneficio del aprendizaje que nos aportan tanto nuestros éxitos como fracasos, y que, reconociéndolos como tal, contribuyan a hacer nuestro recorrido por esta vida un poquito mas fácil…

¿Alguien puede saberlo? 🙂

Peter.

“Tú no caminas porque tengas piernas;
caminas porque tienes voluntad.”
(Máxima Sufí)

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P.D.: Y como tapa del finde, aquí os dejo con este tema de “Tega and Sara”… Bueeena semana gente!! 😉

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3 comentarios en “Una travesía por los mares de la confusión…

  1. Hola, Peter, me alegra leerte de nuevo. Buen tema el que presentas, extenso y complejo.

    Te confieso que estoy a favor de la mirada positiva hacia todos los sucesos que nos acontecen, pero… creo que tanto la alegría como la tristeza son necesarias. Es bueno y saludable hallar la perspectiva correcta para enfrentar los conflictos y/o crisis, es sabio comprender que si existe solución para qué desesperarse -y si no la hay, lo mismo-
    La verdad es que, si se es optimista se es bien recibido en todos lados (resulta atractiva una persona entusiasta y emprendedora); caso contrario el que tiende a ser “gris”. El tema es que no nos gusta padecer, no nos gusta sentirnos melancólicos o nostálgicos, nos desagrada sentirnos incapaces o impotentes, o más aún estar desanimados. Estas cosas siempre se procuran evitar, tapar, esconder… ¿Estamos, acaso, evitando ser humanos? ¿Cómo podemos valorar los momentos de dicha si nunca hemos llorado? ¿Cómo seremos capaces de gozar de una buena compañía si no hemos experimentado la soledad? ¿Por qué no es “cool” tener un día poco entusiasta? Creo que esos momentos no deseados deben permitirse, sólo un tiempo, y luego levantar el rostro, secarse las lágrimas, respirar profundo y seguir.
    Sí, hay que ser optimista, hay que vestir nuestros labios con una sonrisa, hay que apostar a pensar en forma positiva. Pero, si existe el día (o días) en los que esas cosas nos son ajenas o ausentes, también deben permitirse porque de ellas se aprende.
    Hoy, por ejemplo, es un día bellísimo (afuera) pero experimento una sensación de otoño (adentro). Sin embargo, no dejo de pensar en que llegará la primavera.

    Abrazo, y feliz miércoles 🙂

    • Hola Loretta!!, Muchas gracias por tu comentario!!.
      Porque precisamente esa era mi intención al escribirlo. A menudo observo como esta actitud positiva ante la vida coge unas derivas en exceso rígidas y simples. Se huye de las manifestaciones menos gratificantes “como la peste”. Y como tú bien dices, no hay que negar esa parte oscura que forma parte también de nuestra realidad. Mas bien al contrario, aceptarla significa hacerla partícipe principal de nuestro motor en el aprendizaje diario. En realidad el “positivismo”, bien entendido, abarca todo el proceso vital, con sus altibajos, y lo acepta como algo absolutamente necesario. Te estimula a valorar tanto la tristeza como la alegría porque ambas se expresan necesariamente a través de su contraria. Por ejemplo, estoy absolutamente convencido de que ese “otoño interior” que experimentas, acabará dando las mas bellas flores en esta “primavera”… 😉
      Es un gusto reencontrarme contigo y poder disfrutar de tus pensamientos, Loretta.
      Fuerte abrazo y linda semana!!
      (“En las noches mas oscuras es cuando mejor se aprecia la belleza de las estrellas”).

      • ¡Hola, Peter! Es así, tal cual lo dices. Tanto se lucha contra la tristeza que al final acaba instalándose cómodamente y sin fecha de retiro. No digo que no hay que ser optimista ni que uno no deba esforzarse en estar bien, sino que debemos permitirnos sentir y ser de acuerdo al momento en que vivimos; lo de la perspectiva se aprende cuando uno entiende que la vida es breve y que no hay tiempo que perder para ser feliz. En fin, un tema que (obviamente) me gusta y que da para mucho rato.
        Pienso igual que tú (deseo que así sea): este otoño será primavera en algún momento.
        El gusto también es mío 🙂
        Linda semana para ti, y muchísimas gracias por tus palabras. Abrazo grande.
        (Hermosa frase…)

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