Be yourself…

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“Cuando me he encontrado con alguien que me parecía un poco lúcido, lo he sometido a la experiencia de mi dibujo número 1 que he conservado siempre. Quería saber si verdaderamente era un ser comprensivo. E invariablemente me contestaban siempre: “Es un sombrero”. Me abstenía de hablarles de la serpiente boa, de la selva virgen y de las estrellas. Poniéndome a su altura, les hablaba del bridge, del golf, de política y de corbatas. Y mi interlocutor se quedaba muy contento de conocer a un hombre tan razonable”.

Saint Exupery- “El Principito”.

 

Hace poco leí un artículo que me dejó pensando toda la semana. Reconozco que a mi primera impresión, me gustó, era indiscutible. Un texto bien escrito y cargado de un razonable sentido común. Una bella exposición en la que se proponía una actitud ante la vida libre y atrevida, cuyo objetivo principal fuese el mostrarse a los demás tal y como se es. Una evocación en la que se arengaba a la conveniencia de mostrarse abiertamente a las personas que nos rodean, sin miedos ni esperas en un supuesto momento idóneo, que por lo general, nunca llega. En suma, una excelente clase magistral de “coaching”. Pero a pesar de todo, había algo que hacía chirriar mis engranajes mas internos… ¿que tipo de experiencia había tenido la autora para defender semejante línea de acción?

Resumidamente, proponía que la “belleza interior” hay que saberla mostrar al exterior, y que no sirve de nada guardársela solo para sí. Hasta ahí, perfecto. Suena hasta bien. La alarma me saltó cuando describía la situación como un escaparate que hay que saber vender adecuadamente, pasando casi “de puntillas”, por esas personas que hacen de su “escaparate” su modo de vida, y su excelencia en venderlo, su principal objetivo en la vida.

En mi fuero interno, algo descuadraba. En mi caso, realmente nunca me había planteado tal necesidad, es mas, era de la opinión de que nuestra manera de ser no se vende, ni se expone indiscriminadamente a todo el mundo. El motivo viene sutilmente descrito en el párrafo de Saint Exupery. Pero voy a intentar desarrollarlo…

Cada uno de nosotros, somos lo que somos, y tenemos lo que tenemos. No podemos dar lo que no tenemos sin que tarde o temprano se nos vea “el plumero”… Puestos a vender, mejor no vender lo que no tengamos. Y si vendemos lo que si tenemos, seamos primero conscientes de que no todos serán agradables receptores de nuestras luces y bondades personales. Partiendo de esta máxima, las personas tienden a agruparse según sus propias afinidades. A priori, no parece nada complicado. Los problemas pueden llegar después…

Porque en nuestro afán de mostrarnos al mundo, nos vamos a cruzar con dos fuerzas enormemente negativas, que nos van a acosar y tentar para hacernos fracasar en nuestro intento. Una tendrá su origen en el exterior. La otra nos amenazará desde la zona mas oscura de nosotros mismos. Me estoy refiriendo a la “envidia” y a las “falsas apariencias”. Y a ambas tendremos que hacerles frente de la manera mas consciente posible, si queremos vencer en “la mejor de las conquistas”, como diría Platón…

Permitidme hablar un poco de ellas…

Sabed que en este remolino de vidas, posiblemente casi todos acepten condescendientemente la presentación de vuestros tropiezos y fracasos, y no os faltarán aquellos que os den palmaditas en la espalda (de hecho, los hay que hacen del “victimismo” su principal carácter…), sin embargo, el verdadero riesgo será exponer vuestro yo mas victorioso, porque el “común de los mortales” si algo digiere mal, es el éxito ajeno. De la manera mas banal e inútil, van a considerarlo como algo realmente hostil a su propia persona y se engañarán sintiendo la necesidad de criticaros como si el desprecio de vuestros éxitos fuese la victoria de los suyos propios, cuando la verdad es que no tienen en absoluto nada que ver… pues en eso consiste el ejercicio de la envidia.

Y por el otro lado de la tormenta, también somos conscientes de que a menudo tenemos la tendencia a etiquetar y enjuiciar a todo lo que se nos pone por delante, fruto del perezoso ejercicio de nuestro cerebro, para evitar esfuerzos en la interpretación de nuestras relaciones personales. Por lo que en todo este intento de mostrarnos al mundo, es fácil acabar en una “abreviatura de nosotros mismos”, acabando ésta por convertirse en una involuntaria especie de tarjeta de visita o presentación, o lo que sería peor, en una falsa aunque probablemente deseada, exposición categórica de nuestra personalidad. Un “postureo” que indique lo que pudimos quizá haber sido, si no nos hubiésemos detenido a la mitad de camino…

Finalmente, me pregunto ¿por que exponerte a semejantes vilezas que pueden convertirte en objetivo a derribar, o a engañarte a ti mismo y a los demás? ¿quién necesita buscarse gratuitamente mas enemigos de los justamente merecidos? Posiblemente nuestros miedos a no agradar, a no ser aceptados o “comprados” tengan gran parte de la culpa. Y es por esto por lo que realmente me decidí a escribir esto. Porque no hay que dejar que eso os quite el sueño, porque no urge vender bien nuestro escaparate, porque si lo que hay dentro es valioso, se venderá solo. Y si no lo es, lo que debes hacer, es cambiarlo…

No digo tampoco con esto, que haya que ocultar nuestra verdadera esencia, nuestro yo. Simplemente hay que dosificarlo. Y darle a cada cual lo que su capacidad personal admita. Dar mas, aturulla, y menos, decepciona. Pero claro, es solo mi opinión…

Peter.

“To be or not to be…”. Hamlet. Act III, Scene 1.

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