Isabella… (II)

Alice in wonderland

 

“Hubo días de ese invierno en que el buen tiempo nos dio una tregua, y me permitió  adentrarme un poco mas en las zonas mas boscosas del jardín para adecentarlo un poco. Detrás de las tormentas, siempre pasaba lo mismo, se podían ver con claridad que plantas eran las que de verdad estaban bien enraizadas y en cuales todo había sido pura apariencia… A las fuertes y vigorosas, solo las palmeaba y me sentaba a su sombra para disfrutar de su seguridad y los musicales sonidos que desprendían sus ramas cuando jugueteaban con el viento. Sin embargo, las que me habían demostrado mas debilidad eran a las que tenía que dedicar mas tiempo y cariño…

A menudo, cuando Isabella me encontraba en estas tareas, bruscamente detenía su paseo y se  remangaba para ayudar… aunque yo bien sabía ya cual era su intención principal que no era mas que conseguir sacar alguna frase de mi boca. Yo la dejaba hacer y nos divertíamos  ambos con ese juego…, por supuesto, si sacabas preguntas y obtenías sus respuestas, el premio era doble. ¿Dije ya que jugábamos ambos?…

Bien, pues en uno de esos días especialmente agotadores, en los que aprovechaba para mimar un poco mas a las plantas mas necesitadas, Isabella apareció por el sendero como otras veces, con su libro bajo el brazo y con ese aire de suficiencia que solo da la ignorancia de la juventud. Pasó de largo, con un tímido hola y su mirada lateral de soslayo aparentando una despreocupación que a esas alturas, no se creía nadie… Yo, que nunca me gustó dirigir la vida de nadie, como tampoco jamás permití que lo hiciesen con la mía, le devolví igualmente el saludo sin dejar mi actividad. A los cinco pasos, se volvió y con irritación me espetó –“no sé como con el día tan bueno que ha salido, pierdes el tiempo con esos despojos de plantas…”, A lo que, con una sonrisa, contesté  –“Estos despojos, como tú las llamas, echaron un día raíces con la intención de vivir y crecer, igual que el resto de las del jardín e igual que tu, Isabella. Simplemente, nacieron mas débiles o con la mala fortuna de no caer sus semillas en el suelo mas apropiado. ¿Que tal si las ayudas un poquito?”. Y nuevamente Isabella volvió sobre sus pasos para aprender un poco mas sobre la vida que le rodeaba, que no era mas que la suya propia…

A los pocos minutos de incorporarse en la labor de recoger la broza resultante de la última tormenta, repentinamente dio un grito y agitando sus brazos empezó a saltar y a  maldecir con todas sus ganas… “Rayos, me cago en… se me ha clavado una astilla!!!… ¿has visto lo que pasa por dedicarle tanto tiempo a esta mierda de plantas?, están todas jodidamente secas y tu no haces mas que podarlas, limpiarlas y drenarles los suelos o echarles abonos. ¿No ves que están semimuertas? No son para nada determinantes en el jardín. Es mas, contribuyen en afearlo. ¿Por que no te limitas a los árboles y plantas mas exuberantes? Por mucho que las recuperes, lo mas probable es que no den ni una flor en toda la primavera próxima…” Con calma dejé todo en el suelo y cogiéndole la mano, me dispuse a intentar extraerle la astilla…  –“Isabella, la furia no te sacará la astilla. Decirte que lo que dices es cierto sería un completo error. Faltan muchas semanas para eso y para entonces, nadie sabe de antemano como responderán. Pero de lo que sí puedes estar segura es de que en una gran parte de como se encuentren en primavera, habrán sido determinantes todos los días de este invierno, tanto los malos como los buenos, tal y como lo es el de hoy.

Pero no Isabella, no te confundas, este jardinero no está ciego. No pienses que porque les dedique mas atenciones, son mis favoritas. Simplemente, necesitan que les den otra oportunidad. Después, cada una demostrará su verdadero valor, y las que se lo hayan merecido, crecerán y regalarán flores. Las que no, el tiempo nos lo dirá y malvivirán sus días. Pero, en lo que les suceda, no podrán echarle la culpa al jardinero…

Por si no lo sabes, a mi me gusta mucho mas la fortaleza de los grandes árboles, firmes y generosos, o los hermosos y aromáticos arbustos con sus abundantes hojas y flores, o las valientes y discretas enredaderas con su constante lucha por trepar  por sitios imposibles en busca de la luz, no como a ti, es cierto, que te apasionan las plantas de bonitas flores. Pero piensa por un momento, que no hay cosa mas fugaz que una flor. Es bella pero frágil y  efímera. Ellos no necesitan de tantos cuidados, y no dan una, sino muchas flores a lo largo de su vida, quizá no tan llamativas, pero igualmente dan sus frutos. Son supervivientes natos y sus raíces son mas fuertes y profundas de lo que te imaginas. Por eso los admiro. De ellos disfruto mis tardes libres, cuando vengo a tumbarme sobre la hierba. Pero las plantas de temporada, esas que compra tu madre en primavera, o las plantan en los jardines públicos. Esas son distintas. Son bellísimas, y toda la gente las admira, las compran o las regalan. Como las margaritas. Exuberantes y atrevidas por fuera, pero casi sin raíces debajo de la tierra. Lo dan todo y lo esperan todo de golpe, y todo su aroma, exuberancia y flores, las convierten durante un breve periodo de tiempo en las mas bellas del jardín. Su problema real es que son tan explosivas, que mueren pronto. En el fondo, si no fuese por la ayuda de los insectos o de los jardineros, para cuidar de sus semillas, probablemente ya se habrían extinguido. Así que, mi querida amiga no tengas prisa por florecer sin antes tener unas raíces poderosas…”

Peter.
(De “Isabella y el jardín de las moras”).

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