Óleo y Aguarrás…

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Ayer, gracias a  que conseguí el tiempo suficiente, pude por fin visitar el estudio del pintor, fotógrafo y sobre todo, amigo de los buenos, Paco Pastor, y pasamos la tarde al agradable calor de un exquisito té verde a la menta, como solo él sabe preparar, que por algo se crió en el sur de Marruecos… Aparte de darnos el gusto y las risas de hablarnos en otro idioma que ambos conocemos, nos dimos un placentero paseo por la belleza que encierra “el arte” en gran parte de sus manifestaciones… No arreglamos el mundo, solo intentamos disfrutarlo un poco.

Además de comentar el resultado de su última exposición y presentarme sus nuevos proyectos, los cuales ya os contaré en otro post, nuestra conversación se centró en el sutil placer que tenemos algunas personas frente a la contemplación de la belleza artística y como a partir de un autor que a priori parte de su propio camino en la interpretación de la realidad y en su modo personal de expresarla, puede llegar a crear tendencia. Y también, como a partir de ésta, a menudo se puede llegar a perder la franqueza de la frescura inicial. En el fondo, los verdaderos artistas van a contracorriente, expresan su interpretación de la realidad tal y como la sienten, y después, surgen los seguidores de esa misma estela…

Al final llegamos a coincidir en una misma observación de como ese impulso vital nos suele acompañar también en el acontecer de nuestro día a día… De forma para mí muy acertada, Paco me confesó su idea del arte (y esto era aplicable independientemente del medio a través del cual se crease…), como la “expresión mas aproximada de sentimientos y sensaciones” a menudo inaprensibles de otra manera por el autor que los refleja. Y que solo a través de la “emotiva observación de la realidad” tanto propia como ajena a nosotros, pero que ronda a nuestro alrededor, puede surgir la “chispa creativa” que la redefina desde una óptica absolutamente personal. Si ampliábamos un poco mas este contexto llevándolo a nuestra vida cotidiana, tenía la absoluta convicción de que, al igual que hay personas que entre sus prioridades no consta el “arte” como una de sus inquietudes primarias, de manera similar, éstas limitan su capacidad de posicionar sus sentimientos o los de los demás, en un lugar relevante… Las prisas y retos diarios no les permiten desarrollar su natural capacidad de apreciación. Lo cual me recordó fugazmente a Voltaire cuando escribió que  “La apreciación es una cosa maravillosa, porque hace que la excelencia de otros nos pertenezca”…Y yo, como es natural, no podía estar mas de acuerdo con ambos.

Fueron unas horas que se nos hicieron minutos y como frecuentemente me pasa, no me acordé de hacer ni una sola foto. Reconozco que a veces, la intensidad del momento no me merece ser interrumpida. Por lo que he tomado prestadas las fotos del estudio madrileño de Desi Civera, otra pintora a la que sigo, y que a mi juicio, hace un trabajo admirable (podéis comprobarlo en su página web…). De todas maneras hemos quedado emplazados para una próxima cita que dará cuerpo a la segunda parte de este artículo, en la que os hablaré de sus proyectos. Entonces podréis conocer mas a fondo su material y el lugar donde los gesta…

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Por otra parte, he de reconocer que cuando estoy en un marco como el del estudio de Paco, me siento como si hubiese vuelto a la casa donde crecí. Ese característico olor a óleo y aguarrás (si, los pintores de verdad, nunca le llaman “trementina”…) me trasporta inevitablemente a esos años en los que crecí entre botes de pintura, pinceles, caballetes y cuadros, montones de cuadros, de todos los tamaños imaginables… y a veces, de una manera inconsciente, hasta espero cruzarme de un momento a otro, con ese hombre ensimismado sobre un lienzo, y cuya ropa gastada y multicolor parecía una mas de sus pinturas. Con sus manos manchadas y cargadas de varios pinceles a la vez, junto con su paleta favorita, al mismo tiempo que sostenía otros con la boca o la oreja, mientras sonaban en su radiocasete los grandes del flamenco… Este pintor era mi padre, y fueron muchas las horas que pasé con él en su estudio, ayudándole en la fabricación de sus lienzos o marcos, colocando y recolocando mil veces las montañas de cuadros, o simplemente, mirando su trabajo mientras charlábamos. Jamás olvidaré las veces que me dijo “Peter, pintar es mirar a la vida de otra manera que va mas allá de como la ven nuestros ojos. En un cuadro, el tiempo y el espacio son absolutamente relativos. Al mirarlo en un instante, estás viendo uno, dos o mas meses de trabajo. En un paisaje por ejemplo, ¿piensas que las nubes han estado siempre así? En realidad están tal y como yo las he sentido durante todas estas semanas…”

A menudo pienso que él, al igual que con “sus nubes”, debió de dejar también en mi parte de su “impronta”, que a modo de “brochazos”, a veces me surcan y determinan, formando parte imborrable del “equipaje” que me acompaña en este devenir de mi vida. Y estoy convencido de que, en gran medida, es a él a quién le debo mi sutil manera de ver e interpretar la realidad que me rodea. Mi imperceptible pero inevitable capacidad de apreciar la belleza que a menudo puede pasar por nuestras narices, casi sin darnos cuenta…

Como estoy seguro de que puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que contáis con cantidades salvajemente colosales de semejante capacidad creativa, mi único consejo hoy es que ni se os ocurra despreciarla. Caminad con ella, firmes y atentos en vuestra senda. Yo al menos esta semana, la voy a tener “por las nubes”…

Peter.

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