Navidad, ¿fiesta del Amor?…

 

frases_muito_amor

 

Se acerca el momento de dar la bienvenida a las entrañables para unos, odiadas para otros, fiestas de la Navidad. Un periodo en que paramos la frenética y ajetreada vida del invierno, nos acurrucamos entre los nuestros e intentamos ahuyentar de un plumazo tanto el frío de la calle, como el reto de sobrevivir, que a diario y mas por estas fechas, nos atenazan y encogen. Y al calor de una manta hacemos repaso de lo acontecido en este año que acaba, recapitulamos, intentamos olvidar los fracasos y nos regodeamos en los éxitos, para una vez hecha una limpieza de lastres, cargarnos de nuevo y con optimismo de todos aquellos propósitos que vamos a llevar con nosotros el año próximo que se nos avecina… Son momentos en los que la felicidad y el “buen rollo” casi se imponen, aunque sea a fuerza de anuncio de televisión, o de histeria colectiva. Pero los días pasan, y para algunos, no hay tregua que valga. Es mas, los hay a los que se les acentúa su estado de perplejidad y conmoción. Aunque reconozco que no es mi caso, creo que es buen momento de darles un achuchón y meterlos de lleno en la marea de gente que abarrota mercadillos callejeros y plazas (¿he dicho que me encantas los mercadillos?). No sé, pero en todo caso, estas letras van por todos aquellos…

Porque mientras todo esto pasa, otro amigo que se divorcia (debe de ser una epidemia…), y mas gente que cae mortalmente bajo una dramática violencia de géneros, o de equipos de fútbol, da igual, como si la cuestión central fuese matarse, al margen de cualquier remoto parecido con el sentido común, u otras preparan las maletas forzadas para trabajar en un destino que ignoran, tanto en su resultado como en su final, etc, etc, y en fin, que en el fondo, el “patio” sigue estando muy revuelto. Estando las cosas así, si no existiesen unas “Fiestas para el Amor”, pienso que habría que inventarlas ¿o no?.

Entre todo este maremagnum, siempre se cuelan momentos y conversaciones que tienen la capacidad de estremecernos y provocarnos sensaciones y sentimientos preciosos ¿verdad?. Bien, pues eso sentí en una cena reciente con una amiga… y otra vez, una simple visita, que tenía la intención de echar solo un buen rato, una cervecita y poco mas, se nos convirtió en una confortable velada… Tal es así, que nuestra conversación me provocó toda una serie de reflexiones que entre el ajetreo de los días, me han acompañado hasta el día de hoy. Y por que no, os voy a compartir algunas:

Pues bien, en estas fechas y tras esta conversación, me dio por pensar  sobre el Amor, “ESO” de lo que todos hablan, entre certezas y confusiones, y creo que definitivamente llegó la hora de dedicar un post sobre esta palabra tan manoseada…

Pues poneos cómodos, apagad la tele y subid el volumen de la música…

Por lo que veo últimamente en los que me rodean, a menudo me encuentro con personas que me hablan de la complejidad de las relaciones humanas en estos atribulados días, de los egoísmos, envidias, trampas, mentiras, manipulaciones, hipocresías y traiciones… y como frente a estos dramas, construimos muros de desconfianza a todo acercamiento como una defensa inexpugnable, con lo que frecuentemente, el camino hacia el amor se acaba convirtiendo en un laberinto que lo hace verdaderamente  infranqueable, y esto si no ayuda a forjar incluso a personas escépticas, que definitivamente “han tirado la toalla”. Yo no los culpo por ello, de hecho, sospecho que muchos de ellos participan del mismo juego. Tienen derecho a proteger su fragilidad pero me entristecen. Esa es la verdad. Porque a fin de cuentas, todos somos frágiles, ¿no lo sabéis?, los “tipos duros” no existen, o al menos no como los presentan en las pelis, pues como dicen en la India, “todo árbol ha sido sacudido alguna vez por el viento…”. Sin embargo, y a estas alturas, todavía no he llegado a descubrir para que sirve  tanta complejidad ¿?. ¿Quizá un exceso a la hora de dejarnos llevar por las etiquetas? Sabemos que nuestro cerebro las utiliza como un ejercicio de comodidad, por lo que frecuentemente solemos utilizarlas como “tarjeta de presentación”. Particularmente a mi no me gustan, porque me recuerdan el dicho popular de “dime de que presumes y te diré de qué careces”… pero claro, también puede ser porque entre otras cosas, “I don’t play the game”…, vamos, que nunca me he considerado un “conquistador” de nada que no sea, y en esto estoy de acuerdo con Platón, “…la conquista de uno mismo”.

Por supuesto, si, ya sé que solo es mi punto de vista, que es el que me ha llevado hasta donde estoy, para bien y para mal. Sé que solo es una perspectiva de todo el paisaje, justamente la que se observa desde esta pequeña persona que soy yo… por lo que lo mas probable es que esté equivocado, pero siempre digo que es mejor interpretar que juzgar”, así que cada cual que interprete según su lucidez…

Para mi, el amor sí existe, y las “mariposas” también, como esa fuerza incondicional, que te empuja a compartir, proteger y entregar todo lo que tenemos, a la persona que amamos…, lo mismo que existe la angustia, el odio, el miedo y todas esas sensaciones contradictorias. Y como todas, vienen y van, como las olas del mar. No hay ningún estado permanente e inmutable, lo cual hace de esta aventura de la vida algo mucho más apasionante que la simpleza de una vida contemplativa, pacífica pero tremendamente aburrida. Así que sí, creo que existe por algún lado, y aunque dicen que la “pasión hormonal” suele desaparecer a los dos años… yo no llamaría a esto amor, puede que curiosidad en todo caso, pero el amor…, eso es otra cosa.

Y es que a menudo ocurre que confundimos este amor con otras fuerzas que se hacen pasar por lo mismo, y si no estás atento, es fácil también dejarse llevar por ellas. Pero he aquí lo en mí un buen día me hizo abrir los ojos. Y esos fueron mis dos hijos.

A lo largo de estos años, con ellos aprendí que sí existe el amor, incondicional, leal, apasionado y eterno… Me enseñaron que nadie es dueño de nadie, que el amor sin libertad es posesión y que eso a la larga es tan aberrante como la esclavitud. Que el amor da, da y da, y hay placer en eso. Y que quitar, quitar y quitar no llena jamás ningún espacio… sino que más bien los crea. Y ellos me enseñaron que existe aún en los malos momentos, en esos en que todo desaparece bajo un abismo de desesperanza… y lo mejor, que existe en todas y cada una de las personas con las que nos cruzamos en la vida, en mayor o menor medida.

A veces me digo a mi mismo que la gente no sabe amar simplemente porque no lo han conocido o se les olvidó como era. Es fácil dejarse llevar por el deseo de la lujuria, la envidia, el ego, el desprecio…, y así nos va. Y es cierto, también por el mismo motivo, que creo que la gente no sabe vivir en pareja por falta de franqueza y exceso de desconfianza. Se creen que un papel matrimonial va a dejarlo todo atado y bien atado y entonces se relajan y empiezan a exigirse mutuamente. Cuando nada está más lejos de la realidad…¿No es mejor reconocer que no somos dueños de nada? Ni siquiera podemos asegurar que nuestro criterio sea el más justo o adecuado… menos aún podemos poseer a una persona. ¿Por qué no reconocer la belleza que implica asumir que una persona, desde su libertad, decide pertenecer plenamente a otra persona?  Es un regalo maravilloso que puedes aceptar o no, pero una entrega en libertad jamás implica posesión. Lo mismo que se te da, se te puede quitar… y ante esto,  uno solo puede preguntarse si ese sentimiento de entrega es recíproco… Solo así se puede iniciar un camino con esperanza de llegar lejos, mucho más lejos…

También los hay que hablan del parecido que a veces tienen una asociación mercantil y una relación en pareja. A menudo, el amor se confunde con una asociación de dos personas con objetivos comunes. Y una asociación facilita mucho más las cosas que si se va a por esos objetivos completamente solo. Posiblemente sea cierto que facilite las cosas, si. Pero si solo se fija uno en eso, una asociación tiene “fecha de caducidad” en cuanto se alcanzan los objetivos. Y eso es porque tiene un gran defecto fácil de corregir. Basta con no confundir “interés” por “amor” (con mayúsculas). Ni siquiera el “buen sexo” es capaz de mantener una asociación si se acaban los objetivos comunes. Lo bueno del amor es que abarca tooodos los campos, tanto objetivos comunes como objetivos estrictamente personales, la felicidad, el sexo, la colaboración y apoyo se convierten en una fuerza bidireccional de dar y recibir, envueltos en una bruma de confianza y complicidad incondicional…, si hay exigencia, es a uno mismo para dar mas o pedir menos…, supongo. Por eso quizá no tengamos en cuenta a menudo, que el principal ingrediente en este plato sea el de la “gratitud” y el olvido su principal error…

Es así de simple…, creo…

Felices Fiestas del Amor!!

Peter.

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